Caso de estudio
Un flujo de reservas para temporadas de moda que ordena el caos de las convocatorias editoriales.
Trabajábamos con una fotógrafa de moda que recibía propuestas de estilistas, diseñadores y modelos por separado. Cada temporada, la información llegaba en correos sueltos, mensajes directos y capturas de pantalla. El resultado era un calendario fragmentado donde las fechas se pisaban y las referencias visuales se perdían.
El objetivo era claro: centralizar las solicitudes de booking sin perder el carácter visual del proceso. Necesitábamos un sistema que funcionara como un archivo editorial, no como una planilla fría.
En lugar de construir una plataforma compleja, definimos un flujo basado en tres etapas: recepción, revisión y confirmación. Cada etapa tiene un formato específico que evita la ambigüedad.
El flujo se probó durante la temporada de primavera con tres proyectos simultáneos. La primera semana reveló un problema: los estilistas enviaban referencias en formatos distintos. Resolvimos estandarizando las plantillas de moodboard con un límite de diez imágenes por propuesta.
Otra decisión fue asignar un código de temporada a cada proyecto (por ejemplo, SS25-03). Ese código aparece en la ficha técnica, en los correos de confirmación y en las carpetas de archivo. Así, cualquier pieza del proceso se puede rastrear sin depender de la memoria de nadie.
Tiempo de coordinación
Redujo de cinco días a dos el tiempo entre la propuesta inicial y la confirmación de fecha.
Pérdida de referencias
Cero archivos extraviados durante la temporada. Cada imagen quedó vinculada a su proyecto.
Carga administrativa
La fotógrafa pasó de gestionar correos a revisar propuestas en una sola sesión semanal.
El flujo quedó documentado en una guía interna que incluye plantillas de formulario, criterios de revisión y ejemplos de fichas técnicas completadas.
La guía se comparte con cada nuevo colaborador antes de la primera convocatoria, de modo que todos llegan con el mismo marco de referencia.
Support Dashboard Refresh
Un proyecto que complementa la serie con una mirada distinta: la reorganización de un panel de soporte para un estudio de diseño de autor. No se trata de una campaña ni de un editorial, sino de la infraestructura interna que sostiene la comunicación con clientes y colaboradores.
El estudio trabajaba con un sistema de seguimiento disperso: correos sueltos, notas en papel y archivos compartidos sin orden. Cada proyecto editorial implicaba coordinar fotógrafos, estilistas, modelos y clientes, y la información se perdía entre conversaciones. La propuesta fue centralizar todo en un panel único que mostrara el estado real de cada colaboración.
El rediseño se centró en tres áreas: el registro de entregas, la programación de sesiones y el historial de revisiones. Cada pieza del portfolio ahora tiene una ficha técnica vinculada a su proceso, desde el primer boceto hasta la aprobación final.
El panel pasó de ser una lista estática a un flujo de trabajo con etapas claras. Cada proyecto visual se acompaña de referencias, pruebas de iluminación y notas de dirección de arte. Los clientes pueden ver el avance sin necesidad de pedir actualizaciones por correo.
La implementación tomó seis semanas, con pruebas reales durante la producción de una campaña independiente. El resultado fue un sistema que no solo organiza tareas, sino que documenta el proceso creativo de cada colección.
Mientras los otros proyectos muestran el resultado visual —una colección, un editorial, una campaña—, este aborda el soporte interno que hace posible ese trabajo. Es la pieza que explica cómo se gestiona la información detrás de cada entrega.
La intención no es mostrar una herramienta técnica, sino evidenciar que el orden administrativo también forma parte del oficio creativo.